Hemos conseguido un Récord!!

Unos días después de conseguir algo que nadie en el mundo ha hecho, y ya de vuelta en casa, por fin puedo sentarme a escribir la increíble experiencia que ha sido terminar mi Reto Benéfico Vulcan Bike Lanzarote Non Stop por el Síndrome de West.

Como todos sabéis, a las 22 de la noche del viernes (21h en Lanzarote), comencé desde Playa Blanca mi vuelta entera a la isla siguiendo el recorrido de la Vulcan Bike Tracks de Lava Plus. En la salida me despedía de Sandra que realizaría la asistencia todo el reto, de Justo (de Vulcan Bike) y de su mujer, que quisieron venir a darme ánimos. Aún no había anochecido así que no encendí las luces hasta media hora más tarde en el sendero que sube hacia Las Breñas.

En menos de una hora ya estaba en la primera gran ascensión del reto y además la más dura. En poco más de 2 kilómetros se suben más de 200 metros por una pista serpenteante muy rota. Cuando la hice en el reconocimiento no me dio ningún problema, pero esta vez me he tenido que bajar un par de veces porque la piedra suelta me hizo patinar la rueda trasera. Una vez arriba, en el Collado del Portugués, se recorren 3 kilómetros de una fuerte bajada por pista donde hay que estar muy atentos. No hay que olvidar que es una carrera contra el crono, así que no puedes dormirte en los laureles, pero hay que tener mucho ojo para bajar a más de 40 km/h por la noche.

Tras la bajada, llegamos casi a las línea de costa, ya en el corazón de los inhóspitos Ajaches. Aquí el terreno es muy rompepiernas, se suceden numerosos barrancos con subidas muy duras y bajadas muy empinadas, todo por senderos muy técnicos. La población más cercana está muy lejos y la sensación de soledad, más aún en plena noche, es abrumadora, pero a la vez te hace disfrutar de una experiencia única.

Tras 22 km de reto, salgo de Los Ajaches por la población de Playa Quemada, son casi las 12 de la noche. Desde aquí, hay que hacer varios kilómetros por una pista con arena suelta que odio porque apenas se puede pedalear y hay que hacerla casi toda andando, sin embargo hoy estoy consiguiendo hacer bastante tramo montado, lo que me hará ganar mucho tiempo. Después de la pista, llego al pueblo de Uga donde cojo una pista de subida, que atravesando los viñedos de La Geria, me lleva a lo alto de Montaña Capita.

En algún pueblo cercano están en fiestas y se escucha la música de un concierto, algo que agradezco mucho para hacerme más llevaderos estos 4-5 km de ascensión. Al coronar, las vistas son espectaculares, la oscuridad total del mar y la roca volcánica salpicada por pequeños puntos de luz de los pueblos cercanos. Grabo la primera toma de un vídeo para contar la experiencia, pero la cámara se para a mitad y no volvió a encender más, una pena.

Desde aquí, hasta el primer punto donde me encontraré con Sandra en Puerto del Carmen, es casi todo bajada, sin embargo, el viento hoy sopla más fuerte de lo normal y cuesta mucho avanzar. Los kilómetros van pasando y en algún pequeño repecho me tengo que bajar de la bici porque o bien el viento te tira de la bici, o bien te saca del camino o bien sopla tan de frente que no te permite avanzar. A veces es un poco desesperante, pero Lanzarote es así.

Por fin, a las 12:45, un poco antes del horario previsto llego al punto de encuentro con Sandra. Parece que todo está saliendo perfecto, el año pasado llegaba a este punto con retraso y con la moral por el suelo, y hoy todo lo contrario, así que estamos muy contentos. Me como un sándwich, bebo algo y relleno bidón y mochila rápido para ponerme en camino cuanto antes.

Ahora me espera un tramo mucho más sencillo y rodador, por pista de subida llego a San Bartolomé, y desde allí cruzamos todo un páramo por pista que debería ser muy rápido, pero que el viento está haciendo muy costoso. Paro también para cambiar las baterías de la luz delantera, tras 5 horas a máxima potencia han llegado a su fin.

Llega uno de mis tramos preferidos, la ruta cruza la lengua de lava de Tahiche, un paraje único que suelo hacerlo montado, pero que esta vez prefiero no arriesgar y andar porque hay aristas muy picudas y una caída podría ser fatal. Al salir de la lava, segundo encuentro con Sandra en Nazaret. Todo bien, son las 3 de la mañana y además de comer y recargar, reseteo el localizador, que se había quedado parado unos kilómetros atrás y la gente estaba preocupada.

Desde aquí, de nuevo se va hacia la costa, tras unos senderos rápidos y divertidos, toca la zona a la que más respeto tengo, los acantilados de Costa Teguise hasta Los Cocoteros. Durante varios kilómetros se va muy cerca del borde del acantilado, por un sendero lleno de rocas y piedra suelta que hacen muy difícil manejar la bici. A esto hay que sumarle un fuerte viento a veces frontal y otras lateral y que a tus pies están rompiendo unas olas enormes que aparte del estruendo, a veces te llegan a salpicar. Desde luego de día es un lugar precioso para pasear, pero a las 4 de la mañana no es el mejor sitio para montar en bici a solas.

Sobre las 5:20 llego al siguiente punto de encuentro con Sandra, desde aquí emprendemos una larguísima subida hasta el mirador de Haría por la pista de la presa de La Mala. Ella me seguirá con el coche toda la subida, lo que ayuda a quitarse la sensación de soledad. Empiezo a notar las piernas muy cansadas, el fuerte viento en contra me está haciendo esforzarme en estos tramos más de lo esperado y me está desgastando mucho. Espero que después no me pase factura.

Durante la ascensión, empiezan a verse en el horizonte las primeras luces del alba, así que con la ayuda además de los faros del coche, apago ya mi luz delantera.

La subida la hago mirando el reloj. Se que desde lo alto, se tarda 1 hora en llegar al puerto de Órzola, donde tengo que coger el ferry, así que quiero coronar antes de las 7 para que me de tiempo a coger el primer ferry de las 8. Subir se me da bien, y aunque estoy cansado llego al mirador justo a las 6:50. Hacemos un cambio rápido de casco para quitarme el de las luces, gafas de sol y corriendo hacia abajo…

El descenso del puerto de Haría es extremadamente difícil y duro, así que algún tramo me bajo de la bici para evitar caídas, pero en algún otro arriesgo un poco para no perder el ferry. Una vez abajo, una sucesión de pistas te lleva hasta la carretera de Órzola. Deberían ser rápidas, pero el viento me está retrasando muchísimo y tengo que ir al máximo de mis piernas, voy como si estuviese en una carrera. Además, para mi sorpresa, me está cayendo un chaparrón de aúpa, parece mentira que esto sea Lanzarote.

Al final, consigo llegar  al puerto a las 7:50 pero totalmente agotado. Sólo pienso en que el viento a la vuelta ayude lo mismo que me ha hecho sufrir a la ida. Ahora toca descansar en el ferry, dar la vuelta a La Graciosa con calma y volver a Lanzarote.

Sobre el papel todo estaba atado, pero me encontré con un factor con el que no contaba… El mar estaba muy, muy picado, con olas enormes que hacían que el ferry se balancease violentamente hacia todos lados. Como las olas pasaban por encima del barco, todas las ventanas estaban cerradas y se notaban muchísimo los gases del motor, así que lo que debería ser un momento de descanso, se convirtió en 30 minutos de pesadilla que no me hicieron vomitar, pero no faltó mucho.

La vuelta a La Graciosa salió según lo previsto. Una primera parte muy lenta de subida con viento en contra y una segunda mitad sencilla de bajada con viento a favor. De nuevo en el ferry a las 9:30 y con las tripas aún un poco revueltas.

El viaje de vuelta lo pasé aún peor, y tuve que tumbarme un rato al llegar al coche para que se me pasase el mar cuerpo. De  nuevo a comer, beber, reponer barritas y geles y sobre la bici de nuevo que toca otra fuerte subida hasta el Mirador del Río. En la subida, el viento a veces ayuda y otras te saca del camino haciéndote bajar de la bici. Sopla tan fuerte, que decidimos evitar bordear el acantilado que hay sobre Punta Fariones porque es muy arriesgado moverse hoy por ahí.

La ascensión termina en el Mirador del Río, donde me espera de nuevo Sandra y donde también se ha acercado Justo, para darme ánimos. Como algo de fruta, limpio y engraso la cadena para evitar problemas y a continuar ante las miradas atónitas de los turistas que andan por ahí.

Ahora tocan unos cuantos kilómetros moviéndonos por las zonas altas de la isla y disfrutando de unas vistas espectaculares. senderos y pistas te llevan tras un fuerte descenso de nuevo hasta Haría, desde donde se emprende una nueva subida del puerto, primero por pista y después por la carretera. Al llegar a lo alto, bordeamos las instalaciones militares y cogemos otro sendero de alto riesgo hasta la ermita de Las Nieves, el cuerpo te pide arriesgar y pasarlo bien pero hay que aguantarse las ganas y poner pie a tierra en alguna ocasión.

Desde la ermita, donde una vez más está Sandra, se hace un fuerte descenso, muy técnico y divertido hasta Teguise. Este es uno de los puntos clave, el año pasado no nos vimos aquí y al pasar este punto me dio un fuerte golpe de calor, así que hoy vamos a juntarnos para que me refresque bien. Aunque haber escogido un día nublado está ayudando mucho, ha sido una decisión muy acertada.

Tras salir de Teguise, otra pista cara al viento en la que voy muy lento y con mucho esfuerzo, pero por fin llego al gran descenso que por un sendero por la loma de una montaña baja hasta Famara.

El año pasado llegaba a este punto con la cara desencajada, con un fuerte golpe de calor y sin recordar que había pasado los últimos kilómetros. Hoy llego muy cansado pero entero, lo que nos da un fuerte golpe de moral. Hago otra parada un poco más larga antes de afrontar los últimos 80 kilómetros. Voy justo en el horario previsto, pero prefiero perder tiempo en descansar y comer porque estoy muy cansado. Tanto, que empiezo a dudar si llegaré hasta el final.

Nada más reanudar la marcha me doy cuenta de que tengo un dolor de culo increíble. Llevo ya más de 16 horas sobre la bici, así que es normal, pero aún me quedan muchas más y no me puedo sentar bien en el sillín. Ahora empieza lo que es el reto de verdad, donde cada kilómetro es peor que el anterior. Entre pedalear de pie y mal sentarme hago los 13 km hasta La Santa, donde me espera Sandra para seguirme con el coche otro rato. Aprovecho para cambiarme el culote y me alivia bastante el dolor de culo, además aparece Justo en la bici, que me va a acompañar hasta el final.

El hecho de encontrarme de repente montando en bici con un amigo y con mi novia, cambia completamente mis ánimos y el cansancio y los dolores desaparecen, me siento como si acabase de salir de casa, y eso que llevo más de 200 km. Este soplo de aire fresco me viene muy bien.

Unos cuantos kilómetros por pistas que parecen saharianas y senderos entre viñedos nos llevan al borde Noreste de Timanfaya. Este fue el punto crítico del año pasado, antes de llegar aquí me tuve que retirar, así que ya he batido mi récord. El sendero que nos adentra en Timanfaya me encanta, antes de adentrarnos, recargo bien de agua y comida y me dispongo a sacar a relucir toda mi técnica y pericia sobre la bici y pasármelo bien pero…

En un kilómetro me viene de golpe todo el cansancio de más de 200 kilómetros y 17 horas pedaleando. Estoy en mi terreno, en mi salsa, y soy completamente incapaz de mover la bici con soltura y seguir la rueda de Justo. He comido y me he hidratado bien todo el día, pero parece que mi cuerpo acaba de decir basta.

Como el terreno es muy técnico y exigente, no sólo me cuesta pedalear, también el tronco superior está agotado y soy incapaz de coger el manillar con la fuerza suficiente. Además me acaba de venir un dolor en ambas muñecas muy intenso. Desde antes de empezar sabía que me tocaría sufrir, y ha llegado el momento.

Poco a poco, metro a metro, voy siguiendo a Justo, callado, sin fuerzas y pensando sólo en los kilómetros que me quedan (unos 60). Es una suerte que él esté aquí porque sino ya estaría pensando en dónde abandonar. Tras una durísima y larguísima pista, salimos por fin de Timanfaya donde nos espera Sandra. Mi cara ya no es la misma que ella vio la última vez y aunque estoy en ese punto en el que ya no quieres comer ni beber nada, además me duele mucho la garganta, me obligo y voy picando cositas.

Queda muy poco y por un terreno fácil, pero lo veo muy lejos y empiezo a pensar que si seguimos se nos va a hacer de noche. Viendo mi estado, decidimos evitar la ascensión a La Degollada, porque hacer el descenso con mis brazos en estas condiciones sería un riesgo muy alto, así que bajamos hasta Yaiza y rodeamos por la derecha hasta llegar a las Salinas de Janubio. Cada kilómetro se me hace muy largo y me cuesta mucho hacer cualquier cosa, desde pedalear hasta girar el manillar, pero ya quedan sólo unos 30 kilómetros y hay que terminar como sea.

En las salinas hacemos el último encuentro con Sandra, desde aquí, nos moveremos por pistas paralelas a la costa hasta llegar a Playa Blanca. La próxima vez que nos veamos será en mi meta.

Los últimos kilómetros, deberían pasar rápido y ser sencillos, pero se me están haciendo muy largos y me cuesta mucho sujetar la bici con este dolor de muñecas. Ya no estoy cómodo ni de pie ni sentado y voy muy despacio. Al fondo se ve el faro donde empieza Playa Blanca pero siempre se ve muy lejos.

Poco a poco voy siguiendo a Justo (él me va esperando a mi), y los kilómetros van pasando mientras me cuenta anécdotas e historias de por aquí para que sea más llevadero todo. Y por fin, el faro de entrada a Playa Blanca. Desde aquí nos moveremos ya por el paseo marítimo hasta el puerto, se acabaron las piedras y las subidas, pero veo en el gps que aún quedan 6 kilómetros. Además ya son las 21h, mi hora límite, aún no he llegado y está anocheciendo.

Estaba tan agotado que incluso moverme por el paseo marítimo me costaba, se me hizo muy largo, pero por fin, a las 21:30 llego al puerto, el reto está conseguido.

Estoy tan cansado que ni siento emoción. Sandra, Justo y su esposa que también ha venido están bastante más eufóricos que yo. Yo no tengo energías ni para las emociones, pero lo he conseguido, soy la primera persona en el mundo en dar la vuelta a Lanzarote y La Graciosa en mtb en un solo día. He tardado 24h30min en vez de 24h, pero lo he conseguido. El sueño por el que llevo trabajando y luchando desde hace años lo he cumplido y la verdad es que no sé explicaros como me siento ahora mismo.

Las primeras horas sólo pensaba en meterme en la cama, pero fueron emocionantes. Por fin podía sacar el teléfono para hablar con la familia y ver los mensajes y me empecé a hacer una idea de lo que había conseguido. En diferentes grupos de whatsapp, mis amigos comentaban cada kilómetro del reto en directo y debatían que me pasaba cuando el localizador no se movía (¿se habrá caído?… ¿habrá pinchado?… yo creo que se mueve muy despacio, irá andando… ¿llamamos a Sandra a ver qué pasa?). También incontables mensajes de ánimo desde primera hora, ¡Estamos contigo desde Cuenca! ¡Vamos que ya llevas 100 km! ¡Sólo te queda la mitad! ¡Últimos kilómetros, no estás solo!.

En ese momento empiezas a darte cuenta de que mucha gente te estaba siguiendo, sufriendo contigo y empujándote un poquito en los momentos malos… Ahora empiezas a ser un poquito más consciente de lo que has hecho.

Al día siguiente ya le has dado muchas más vueltas a todo, y eres más consciente de que has hecho algo único, y que tienes que estar orgulloso de tan tremendo esfuerzo, pero si os soy sincero, después de unos dos años luchando y preparándome para este reto, siento una sensación de vacío, de que algo se ha apagado o que parte de mi vida ha dejado de tener sentido.

Al fin y al cabo han sido dos años de entrenamientos, gimnasio, alimentación, preparación mental, económica… dos años en que tu vida prácticamente gira en torno a algo que se acaba de terminar… Te levantas con la sensación de todos los días de que tienes que hacer algo, pero hoy no es así, ya no tienes que hacer nada. Seguramente la mayoría no lo entendáis (yo no lo entendía hasta ahora), pero el hecho de conseguir algo por lo que has trabajado tanto te deja un pequeño vacío dentro.

De lo que sí me acuerdo bien, es de toda la gente que durante este tiempo me ha ayudado, me ha apoyado, y ha luchado junto a mi. Desde toda la gente desconocida que ha querido colaborar con donaciones para ayudar a los niños con Síndrome de West, todos los amigos que han estado ahí para donar y mostrar su camiseta del reto al mundo, todas las pequeñas marcas o empresas que han hecho lo que estaba en su mano para ayudarme ( FisioDía, Keela España, GymPeople, Morenito, IngeniApp, Adue, Vulcan Bike Tracks de Lava), toda mi familia, a los que les he hecho sufrir como nadie desde que les conté lo que pensaba hacer hasta que me presenté en su casa con el perro para que lo cuidasen, y como no, de Sandra. Esa persona que le guste o no me apoyaría en lo que sea hasta el fin del mundo, por mucho esfuerzo que le suponga, sacrificando sus días y sus noches tan sólo para que yo consiga alcanzar mis sueños.

Estas cosas te hacen ver que estas rodeado de gente maravillosa a la que nunca podrás devolver todo lo que han hecho por ti, y eso es la mejor experiencia que te puedes llevar de algo así.

Lo que más valoro de esta experiencia es que ahora me acuesto con la sensación de que he hecho algo bien, he conseguido hacer realidad un sueño, he conseguido superarme a mi mismo, romper las barreras y ponerme un límite del que estar orgulloso, y lo más importante, he ayudado a gente y conseguido que cientos de personas de todas partes de España (desde Canarias a Asturias) se unan por una misma causa solidaria, eso si que es una sensación indescriptible.

Dice la frase que no te puedes morir sin escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo… Pues yo voy a pedir que me convaliden las dos primeras con ser el primero del mundo en conseguir algo y realizar una acción benéfica.

Sinceramente no se qué más poner porque aunque ya han pasado varios días, aún no soy muy consciente de la realidad. Tan sólo puedo decir una vez más GRACIAS, habéis formado parte de un sueño hecho realidad, habéis hecho que familias que lo están pasando mal ahora lo pasen un poco mejor y habéis demostrado al mundo lo buenas personas que sois…. Poco más se puede añadir

Como siempre os digo… GRACIAS POR ESTAR AHÍ.

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